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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Pasaron dos días, no sabíamos absolutamente nada de la humanidad. Vivíamos como personas de la prehistoria, con la luz a base del fuego. No teniamos ni idea de qué hacer.

– Confiemos el uno en el otro, saldremos de esta, y lo sabes – me animó Belén. – Sí , pero ya hemos pasado muchas aventuras fantásticas, que quizás, nunca se me ocurrieron que sucederían. Por miedo de nuestras vidas hay mucho dolor, sangre y cada vez más muerte. No tenemos a nadie, solo el uno al otro, y la gente que hemos matado, algunos tendrían familiares que sufrieron la pérdido de ellos. Y todo ¿ por qué ? ¿ Por venganza ? – dije.

– Pues sí, por venganza. Aunque no sea el mejor camino, pero nos hicieron muchísimo daño y esto no se puede quedar así, sin más . – Lo sé, pero si piensas, nuestras ideas principales ya no están. Hemos vencido lo que queríamos. Tú padre, mi tío, están muertos. Y aun así, la vida nos dio otra oportunidad y ahora ¿ qué ?¿ Nos vamos a meter de nuevo en otro nuevo lío, con más muertes, y donde quizás, nos maten ? – le insití.

– Mmm… – Se quedó pensando – ¿ Y qué propones ? Sabes que dentro de poco nos encontrarán y tendremos que actuar.

– Si te soy sincero, prefiero morir de pie, que vivir de rodillas.

– ¿ Qué quieres decir con eso ? ¿ Hablas de suicidarnos ? -.

– Correcto , pienso que es la mejor idea…

– Pero… – habló Belén con un tono confuso.

– Lo sé, lo sé. Yo también quiero vivir, disfrutar de la vida, ser féliz, crear una familia. Pero no me quedan fuerzas, no me quedan fuerzas para enfrentarme a un ejército de hombres armados, y nosotros somos dos, con una simple pistola. No quiero que me maten, no quiero que disfruten verme morir, prefiero que nunca sepan de lo que fue de nosotros.

– No sé si estoy tan segura como tú, Lalo, pero creo que es la mejor opción . Buscamos un punto de aquel bosque donde más o menos se pudiera ver la casa y el camino hacia nosotros, y tras dos duras y cansadas horas de caminar hacia arriba, lo encontramos.

– ¡ Mira, por allí, por el Este !

– Vienen a rastrear el bosque, y no es solo por allá, tambien por todas las zonas del bosque. No tenemos escapatoria.

– Ya… ¿ No crees que han tardado mucho en rastrear esto ?

– No creo que sea momento de hablar de estupideces. Belén sabes que has sido mucho para mí en mi vida, y que te quiero, que no sé que hubiera sido de mi si no te hubiera conocido. Gracias por todo.

– Lalo, sabes que yo también te quiero, y que como bien dices, creo que nuestras vidas han tienen un gran y grueso hielo conjunto. Gracias a tí también por todo, por tu ayuda. Y sea donde sea, lo que haya después de la muerte, me gustaría seguir viendote.

 

Entonces me acerqué a ella, la cogí de las manos y la besé. Ella cogió la pistola, y con una mirada de amor y con una leve sonrisa se disparó en la cabeza. No hubo tiempo de más. Comencé a llorar, me agaché y la abracé. Me puse de pie y un gran ruido y viento comenzó a acercarse cada vez más. Los arbustos se movieron y comenzaron a salir hombres. Hice un movimiento rápido y me puse la piestola en la cabeza y de repente alguien me empujó y me amarró las manos con unas esposas, era la policía. Pero yo no pensaba quedarme encerrado allí casí setenta años, así que robé un bote de pastillas de la enfermería, y me las tomé. Y de eso hace ya unos diez minutos, me está entrando mucho sueño y los músculos los tengo flojos, casi no me puedo mover estoy muy cansado, voy a cerrar los ojos para dormir, y estar tranquilo para siempre.

 

Fin

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11 – La Huida

Fuimos al garaje de la casa. Abrí la puerta para montarme en el coche y entonces apareció Natalia.

– Cariño, ¿ dónde vas ? – me preguntó ella con mucha dulzura.

– Natalia, para ya… – le dije. Entonces ella miró a su alrededor y vio a Belén apoyada en la pared fumándose un cigarro.

– ¡Hijos de Puta! Me habéis descubierto, pero tranquilos. Belén no puede sobrevivir sin su dosis diaria. Y en breve va a llegar personas a las que les encantan la sangre. A si que no tenéis ninguna escapatoria – nos amenazó.

Yo lleno de rabia me acerqué ha ella y entonces, se metió la mano en la chaqueta y sacó una pistola con silenciador.

– No te acerques o te reviento la cabeza de un tiro-.

– Sabía que no estabas de viaje. ¿Dónde has estado? – le dije mientras la miraba fijamente y contenía mis fuerzas.

– No te importa desgraciado -.

– La única desgraciada que hay aquí eres tu – me defendió Belén.

Entonces ella la miró y yo aproveché el momento para darle un golpe en la mano, hacer que el arma cayera al suelo y que Belén la cogiese. De repente escuchamos como entraba gente en al casa y comenzaba a dar tiros para abrir las puertas con cerraduras.

– ¡Qué coño hacemos ahora! – susurró Belén desesperada.

– Inútiles, os lo dije – comentó Natalia, pero le di un golpe en la nuca con al pistola y cayo al suelo.

– Tengo una idea, Belén pasa me tu mechero.

Cogí la manguera que estaba tirada en el suelo y la metí en el tanque de gasolina del coche. Luego cogí la bolsa del cubo de basura que había en el garaje. La puse en el otro extremo de la manguera y comencé a absorber como si fuese una pajita de beber en pocos segundos la bolsa se lleno de gasolina. Con la gasolina de la bolsa rocié el coche y dejé caer un largo chorreón de gasolina hasta la puerta.

– Espero que funcione…

– ¿ Por dónde salimos? – preguntó Belén.

– Por la aquella pequeña ventana de ventilación que da al bosque.

Todo salió bien. Primero salió Belén por la ventana, luego tiré el mechero abierto a la puerta y resulta que en la puerta había gasolina, todo comenzó arder, yo salí por la ventana y corrimos…

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Me adentré más en la habitación. Encendí el ordenador que había sobre la mesa, pero a mi desgracia el ordenador tenía una contraseña que yo desconocía. Miré hacia el lado y vi que algo resplandecía en la pared, me acerqué y vi que era una llave que colgaba de una especia de clavo. La cogí y la observé. Era muy extraña, era plana y tenía forma de cruz, excepto por la punta que era puntiaguda.

Me acerqué a la puerta de metal y busqué con la yema de los dedos la cerradura. La encontré e intenté introducir la llave. De momento las tres bombillas rojas se volvieron verdes y las dos verdes de color rojo. La puerta hizo un extraño crujido y se abrió un poco y yo la terminé de abrir entera. Di unos pasos y de momento un montón de luces se encendieron y pude ver como era aquella nueva habitación. Había una camilla y muchas otras cosas de hospital. Abrí uno de los muebles y encontré comida, era comida reciente. Miré en los demás cajones y estantes y lo que encontré era tijeras, vendas, agujas, tranquilizantes, etc. Vi que había una nueva puerta, no tenía cerradura, solo dos pequeñas bombillas rojas. Encontré una rejilla por donde mirar lo que había atrás de aquella puerta, ¡había una persona! Pensé unos minutos como podía abrir la puerta, entonces dije: “ Si cierro la puerta por la que he entrado, las tres luces verdes se pondrán rojas y las dos rojas de color verde.” Y como por intentar no perdía nada, cerré la puerta de metal. Entonces pude ver como la otra puerta se abría un poco corrí hacia ella y la abrí. Había alguien bocabajo, era un mujer, tenía las manso un poco ensangrentadas. Me acerqué hacia ella con temor.

– Hola – dije en un hilo de voz.

– No… – dijo ella, con un tono de dolor.

La cogí para ponerla boca arriba y ella acobardada se encogió.

– Tranquila, no te voy hacer daño, cálmate – le dije suavemente.

Se intentó poner de pie varias veces antes de que lo consiguiese, le aparté los pelos de la cara y…

– ¡Dios Mío! – No me lo podía creer.

– ¿Lalo? Ayúdame… – Me abrazó.

– ¿Belén como has llegado aquí? Me dijeron que habías muerto-.

– Por favor sácame de aquí, quiero ver la luz del sol, por favor. – Me suplicó.

– Claro, como no. – Cogí algunos documentos que había por allí y salí de aquel infierno.

La llevé al jardín conmigo, y allí se tumbó.

– Lalo, Natalia me ha encerrado ahí. No sé como llegué ahí, solo recuerdo estar en el hospital y luego abrir los ojos allí. Ella cada no sé cuantos días me ha estado inyectando calmantes y otras cosas que no sé ni que son. Me daba de comer como mucho cuatro o cinco veces a la semana. Creo que era mala desde un principio. Ella era la que le pasaba nuestra información a los otros y por eso las cosas no nos salían como tenían que ser -.

– Ya lo entiendo todo. Esa zorra me ha tomado el pelo, es que vamos, ni se me pasaba por la cabeza. Pero, no, no nos destruirá. Juramos que nos protegeríamos mutuamente y eso es lo que vamos hacer. Tu supuestamente estás muerta. Tenemos ventaja.

– Oye, voy a darme una ducha y luego planeamos algo. Hace mucho tiempo que no tengo un poco de higiéne.

Belén se dio su querida ducha y planeamos un plan, casi perfecto.

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Aquella mañana de domingo desperté y Natalia no estaba a mi lado. ¿Dónde estará? Me pregunté. Grité su nombre dos o tres veces y entonces me di cuenta de que no estaba en la casa. Me levanté de la cama, me duché y me vestí. Luego bajé a la cocina para desayunar y cuando fui a abrir el frigorífico para coger leche vi un papel pegado a la puerta con un imán.

Lalo, me han llamado muy urgente. Tengo que cerrar un negocio en Irlanda.

Me extrañaba mucho que fuese en Irlanda. Por que que yo creía que sus negocios no salían de España.
Esperé ansioso hasta las seis de la tarde. Cogí el coche y me dirigí hacia aquel hotel. Vi dos coches de la policía aparcados al lado de la puerta del hotel. Aparqué el coche y entré entonces, vi a un policía haciendole preguntes a una mujer que parecía de la limpieza. Entonces me acerqué a recepción y no encontré.

– Oiga, perdone. ¿Qué ha pasado? – le pregunté a una mujer mayor.
– Pues mire usted joven, resulta que han asesinado a un hombre en la cuarta planta – me contestó la señora.
– ¡Dios mío! – dije en voz baja – Gracias – le agradecí a la anciana.

Subí corriendo por las escaleras hasta la cuarta planta. Me me acerqué a los policías.

– No puede pasar de esta cinta – me dijo uno de ellos mientras me señalaba un cinta amarilla donde ponía policía en negro.

-¿Me podría decir cómo es el nombre de la víctima? – le pregunté.
– No. – me contestó muy serio y se dio media vuelta.

Julio Altamiro Ruiz se llama la víctima señor – dijo un policía a un hombre que parecía ser el inspector o algo parecido.
– ¡Mierda! – susurré.

Habían matado al hombre que supuestamente me tenía que dar una información muy importante. Es decir, alguien no quería que yo supiese lo que ponía en aquellos papeles.

Salí del hotel y me monté en el coche y me dirigí hacia mi casa. Mientras me sacaba las llaves del bolsillo para abrir la puerta de la casa pensé en las llaves que había en la mesita de noche de Natalia y de la habitación “secreta”. No sé pero intuía de que las dos cosas tenían algo que ver. Abrí la puerta y subí hasta mi dormitorio y fui a coger las llaves y… ¡No estaban ahí! Estaba muy cabreado, me puse delante de la puerta de la maldita habitación y la partí a patadas. Me quedé asombrado de lo que había allí adentro. Había una escritorio con montones de papeles encima, una silla que parecía ser muy cómoda, una alfombra muy grande, y una de las paredes estaba llena de pequeñas television donde se veía cada habitación de la casa. Entré y encendí la luz, pero aquella habitación seguía siendo muy oscura. Una impresora comenzó hacer ruido y yo, volví a sentir el miedo, desde hace muchísimo tiempo. ¿Qué era todo aquello? Las únicas luces que había era tres pequeñas bombillas rojas y dos verdes, al lado de una puerta de metal y la lámpara que había en el techo que era una simple bombilla que parpadeaba de vez en cuando llena de telarañas y que no alumbraba casi nada. La verdad, que ahora no entiendo nada…

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8 – Misterio

8 Misterio

Ya han pasado algunos meses después de la muerte de Belén. Desde entonces mi vida ha sido muy normal, pero siempre he tenido en mi interior algo que me dice que pasa algo. Pero no se qué. A lo mejor son los nervios de la boda, solo queda tres semanas. Y cada día estoy más inquieto pero no se el por qué. Menos mal que Natalia me da alegría y felicidad o si no, no se que sería de mi. Aunque hay una cosa que no entiendo de ella. En una de las habitaciones de su casa ella no quiere que entre, dice que hay cosas de Belén que me recordarían a ella y no quiere verme triste. Aunque no entiendo que hace las cosas de Belén en su casa y en su despacho. Bueno, aprovecharé que se ha ido a trabajar para entrar en la dichosa habitación.

– ¡Joder! – grité al asustarme con el ruido del teléfono. Me acerqué para coger la llamada. – ¿Si? – pregunté.
– Cariño, soy yo. Voy ha salir del trabajo dos horas antes, espérame para comer, ¿vale? – me dijo Natalia.
– ¡Qué bien! Claro que te esperaré. Adiós.
– Ciao, cariño – dijo un poco antes de que colgara.

Miré el reloj, eran las dos menos cinco y Natalia iba a llegar a las dos y media. Tenía que ser rápido y buscar la llave de la puerta que daba a la habitación “secreta” . Subí las escaleras corriendo, luego entré en nuestro dormitorio, busqué en los cajones de su mesita de noche, debajo del colchón, en el armario y nada. No encontré nada, pero entonces recordé una frase que decía ella “ Algo simple, lo que no vale está arriba y abajo se encuentra la zona verdadera, la zona fuerte.” Sinceramente nunca entendí esa frase ni la entendí en ese instante cuando se me vino a la cabeza. Miré a mi alrededor y vi de nuevo la mesita de noche, rápidamente me fui hacia ella, me agaché y metí la mano debajo de esta. Comencé a tocar la parte de abajo y no encontré nada, entonces tuve otra idea. Unos de los cajones estaba vacío, a lo mejor eso era “lo que no vale” y bajo él estaba la “zona fuerte”. Cogí aquel cajón, que era el segundo y miré por debajo y allí encontré dos llaves juntas. Una era normal y la otra era pequeña, tenía una forma rara. Miré el reloj, ya era las dos y cuarto. No tardé nada en salir de la habitación e intentar abrir la puerta del despacho de Natalia, pero de repente alguien llamaba al timbre. Volví a dejar todo como si no hubiera pasado nada y bajé a ver quien era. Volvieron a llamar al timbre.

– ¡Si, ya voy! – grité. Abrí la puerta.
– ¡Hola! – me dijo Natalia muy contenta con una pizza en la mano.
– ¿Qué hora es?¿Y esa pizza? – dije extrañado.
– Es que cuando te llamé, estaba saliendo del trabajo y quería darte una sorpresa y llegar antes. Entonces se me pasó por la cabeza de que te encanta la pizza de jamón, pollo, bacon y doble queso, así que fui a la pizzería. Y ahora vamos a celebrar tu fin de semanas de descanso.
– ¡Ah! – sonreí – ¡Qué bien, gracias! No pensaba que me ibas a dar esta sorpresa . Ja, ja , ja… -reí-.

Mientras tomábamos el almuerzo, alguien me llamó al móvil.
– ¿Si?¿Quién es? -.
– Vete a un lugar donde nadie nos pueda escuchar hablar, por favor – me dijo la voz desconocida de un hombre.
– Vale – dije. Me puse el teléfono en el pecho para que no se escuchase lo que iba a decir – ¡Mi amor! Me han llamado del trabajo, voy al jardín a hablar, ahora vuelvo. – me puse de nuevo el teléfono móvil en la oreja.
– ¿Ya? – me preguntó ese misteriosos hombre.
– Sí, ¿qué sucede? – pregunté yo muy extrañado.
– Te tengo que enseñar unos documentos muy importantes, por favor, tienes que verlos. Es algo que te interesa.
– Vale, pero ¿quién es usted?¿Dónde voy para verlos? – pregunté nervioso.
– Vaya al Hotel Delevé mañana a las seis y media de la tarde y pregunte por el señor Altamiro. Te dirán el numero de la habitación, vaya y allí lo esperare. Es mejor que vaya solo. – Después de decirme todo aquello colgó.
– ¿Oiga?¿Oiga?¡Me ha colgado! -.

En esos momentos solo quería saber quien era el señor Altamiro y qué pone en esos documentos.

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7 – La triste locura

Ya han pasado varios días. Y hoy voy a matar a mi tío, estoy harto de esperar y esperar. Lo mataré de la forma más horrible que un ser humano puede morir.

– ¿Qué haces? – me preguntó Belén al verme con varias armas sobre la cama.
– Voy a matar a mi tío – le contesté mientras me guardaba una pequeña pistola en el calcetín.
– Yo te acompaño-.
– ¡No! No quiero que te pase algo por mi culpa, tu te quedas aquí cuidándote y cuidando de Natalia.
– Bueno, vale. – me contestó sin pensarlo, algo que me parecía extraño.

Aparqué el coche a una manzana más atrás de su mansión. Luego entré en su vivienda burlando a las cámaras de vigilancia. En la fría casa parecía no haber nadie. Aproveché que la cámara del salón giraba hacia el otro lado para subir sigilosamente por las escaleras, hasta llegar a la segunda planta. Miré en distintas direcciones y no veía nada, pero escuchaba el susurro de voces. Busqué con cuidado las escaleras para llegar hacia la tercera planta. Todo estaba muy oscuro, y me costó encontrarla. Cuando subía aquellas escaleras, vi, entre las oscuridad, una pequeña luz roja. Había una cámara. El pecho se me encogió del susto, pero me fije que miraba para la otra dirección, pero ya estaba dando la vuelta y dentro de poco me iba a captar a mi. Pero me tomé mis mañas para subir sin que me viera.

– ¡Que no!¡Que no! Yo siempre llevo la razón – gritaba alguien.
– ¿A si? Pues entonces ¡vete! Pero no creo que salgas vivo de esta ciudad – decía otra voz familiar, que me parecía que era mi tío.
– ¿Me estas amenazando?-.
– ¡Si! Te estoy amenazando – gritaba mi tío.

Me acerqué a la puerta de la única habitación dónde se veía un poco de luz, la puerta estaba encajada a si que podía ver un poco lo que había detrás de ella. Allí estaba mi tío, muy cabreado al parecer. Y un hombre, de unos cuarenta años, también cabreado. Los dos discutían sin parar. No me sentía seguro así que ande unos pasos y abrí una puerta despacio, al abrirla, me vino olor a humedad. Lo poco que me dejaba ver la oscuridad es que era como un trastero. Me eché un manta por encima. Esperaba algo que no sabía que era.

Pasaron varias horas, y solo se escuchaba a mi tío hablando por teléfono. Levanté un poco la manta y la habitación seguía a oscuras. En silencio abrí la puerta, giré la cabeza a la derecha y allí vi, a mi tío, de espaldas, en el balcón hablando por teléfono móvil. También, al parecer, estaba discutiendo. Salí de aquella habitación con una pistola apuntándole a la cabeza. Mis pasos crujían en el suelo. Mi tío colgó el teléfono y se giró. Entonces, me vio apuntándole.

– ¿Qué crees? ¿Qué me vas a matar? No tienes valor para hacerlo – me dijo mi tío.
– ¿A no? Eso es lo que tu crees.
– ¡Pues hazlo! – me gritó. Cargué la pistola y cuando iba a apretar el gatillo mi tío hizo un rápido movimiento y en menos de ocho segundos él también tenía una pistola que me apuntaba, y sin pensarlo disparamos. A mi me dio en la pierna. Y yo a él le di en la barriga. Caímos al suelo del impacto.

– ¡Lalo!¡Lalo! – gritaba un voz lejana.
– Estoy aquí, aquí – gritaba yo. Entonces vi a Belén y a Natalia que se acercaban a mí.
– ¡Lalo! ¿Qué te pasa?¿Estás bien? – me preguntaba Natalia mientras se tiraba al suelo llorando.
– Tranquila, tranquila. Estoy bien, ahora ayudame a levantarme. – le dije y ella me ayudó hasta ponerme en pié.
– ¿Qué hacemos con este cerdo? – me preguntó Belén.
– Lo quemaremos – le contesté.

Lo amarramos con cuerdas y lo tiramos al suelo. Luego rociamos gasolina por toda la habitación dónde lo habíamos llevado.

– ¡Cerdo, cabrón! Ahora arderás en el infierno – le dije con desprecio.
– Por favor, perdóname, no me hagas esto – me decía.
– Te haré esto y más. Belén, por favor pégale una patada en la barriga, ya que yo no puedo – dije yo.
– ¡Tenemos que ir al hospital, te vas a desangrar! – me exigió Natalia muy preocupada.
– No, así estoy bien, primero hagamos esto – la calmé. Ella me miró con cara de aprobación.
Después de que Belén le pegara una brutal paliza a mi asqueroso tío. Yo me levanté de la silla como pude y cuando estaba en pié ande hasta la puerta ayudado por Natalia. Cuando nos íbamos tiré una cerilla a la habitación.
– ¡No!¡No!¡No me dejes aquí! – gritaba Lorenzo.

La habitación ardia en llamas y los gritos dolorosos cada vez se hacían mayores. Cuando casi ya nos íbamos de la casa, alguien, le clavó una flecha de caza a Belén entre la espalda y la barriga. Y ella cayó en el césped en redondo. Yo me quedé atónito viendo el cuerpo moribundo de Belén. Natalia comenzó a dar tiros en la ventana de donde aquel hombre había apuntado con el arco. Natalia tubo tan buena puntería que le dio en la cabeza varias veces, y aquel hombre cayó de la segunda planta hasta el césped.

– ¡Ayúdame! – le grité nervioso a Natalia – no puede morir, no puede morir, ella no.
– ¿Qué hago? – me preguntó.
– Ve a por el coche, pongo en la puerta, la metemos ahí y vamos al hospital urgentemente-. Ella hizo lo que le dije. Yo, mientras la esperaba, saqué la flecha del cuerpo de Belén. Belén estaba inconsciente, yo intentaba reanimarla, perdía mucha sangre y su pulso disminuía. Mis lágrimas caían sobre su cuerpo casi sin vida.
– ¡Ya estoy aquí! – avisó Natalia mientras se bajaba del coche.

Abrí los ojos, y estaba en la habitación de un hospital. Parpadeé para mejorar la calidad de mi visión. ¿Qué hago aquí? Pensé.

– ¿Hola? – gritaba lo mas fuerte posible.
– ¡Lalo! – me abrazó Natalia.
– ¿Qué ha sucedido? – le pregunté muy confuso.
– Cuando bajé del coche, te quedaste inconsciente como Belén porque perdiste sangre, te hicieron una transfusión de sangre. Y ya estás bien, ¿no?
– ¿Y Belén?¿Dónde está ella? – pregunté asustado.
– Murió minutos después de que los médicos la atendieran, se desangró y lo poco que le quedaba de sangre te la pusieron a ti.
– Murió… – susurré mientra mis ojos se nublaban de lágrimas. Natalia me abrazó y me dio un beso en la frente.
– Ya no se puede hacer nada. Todo en la vida tiene un precio. El precio de, matar al padre de Belén, matar a tu tío, ser rico… es la muerte de Belén.
– Ya, pero Belén significaba mucho para mí, era la primera persona en la que confié durante muchísimos años.
– Belén susurró algo minutos antes de morir.
– ¿Pero no estaba en coma?
– Si, pero dijo “Lalo, nunca me olvides porque nunca lo haré, para mí eres como un hermano y no te preocupes por mí”-.

– Ahora me quedó más tranquilo.
– Ya lo único que podemos hacer es seguir para adelante con nuestras vidas, casarnos y tenes una familia.
– Verdad, tenemos que seguir para adelante y no cometer más errores. Al fin y al cabo, todo esto ha sido una triste locura.

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Miré las balas de la pistola y tenía las suficientes, luego la cargué. Salí el primero, me pegué por la pared, me agaché y luego miré por si alguien se acercaba y como no vi nada pues hice un gesto con la mano por la ventana. Belén salió e hizo lo mismo que yo pero en la esquina paralela, hizo un mismo gesto y salió Arturo. Seguí yo solo sigilosamente, hasta que pude ver a un hombre vestido de negro con un pasamontañas y una metralleta en la mano., aquel hombre estaba justo delante de la puerta, es decir, los demás ya estaba dentro de la casa. Al ver aquel panorama me escondí detrás del árbol que había a mi derecha. Entonces oí los pasos de alguien y con cuidado me subí a la copa del árbol.

– No hay nadie señor – le decía un muchacho al padre de Belén – yo me quedé sorprendido al ver su rostro tan familiar.
– ¡Mentira! ¡Mirad bien, estarán por ahí detrás os escondido debajo de las camas! – gritó.
– Vale señor, por ahí miraremos, señor – le contestó y luego los dos tomaron caminos diferentes.

Giré un poco la viste y pude ver a Belén en el tejado de la casa. Ella me miró.

– ¿Dónde está Arturo? – me preguntó gesticulando los labios.
– No lo sé – le contesté mientras yo también gesticulaba los míos.

Luego paró de mirarme y se fijó en su padre, yo un poco preocupado por Arturo no paraba de mirar en todos los lados desde mi punto de vista. Hasta que escuché unos pasos que corrían, miré vi una silueta por la oscuridad y de repente aquella silueta se vio con la luz de la noche ¡era Arturo que corría como un loco para llegar el primero al coche! Belén me miró angustiada yo también la miré de la misma forma, entonces otro ruido se escuchó. Los dos miramos a Arturo y lo vimos tirado en el suelo con un tiro en la cabeza. Belén, sorprendida, se tapó la boca con la mano. Al hacer tal movimientos una teja suelta se cayó rodando al suelo. Todos miraron al techo. Uno de ellos cogió una gran escalera para subir. Cuando se acercaba al techo Belén empujó las escaleras para atrás y que hombre mientras se caía al suelo sacó la pistola y disparó, el tiró llegó a los azulejos que habían arriba de la puerta la casa que ponía “El verano” , bajo aquellos azulejos había otro hombre, y mientras en que estaba en las escaleras se reventaba por dentro, el otro se habría la cabeza con la caída de los azulejos sobre él. Los demás se miraban con pena y rencor. Entonces, yo, aproveché su distracción para saltar a la casa de al lado, luego salí de auqella casa y muy rápido me monté en mi coche.

– ¡Joder! ¿Dónde coño se ha metido este tío? – susurró Belén al no verme en el árbol.

Entonces unas fuertes y largas luces de mi coche entró en la parcela haciendo que los que se encontraba allí cerraran sus ojos del resplandor.

– ¡Tírate! – le grité a Belén.
– ¿¡Qué!? – me devolvió ella otro grito.
– ¡Qué te tires joder!

Entonces Belén se tiró sobre mi coche haciendo un bulto en el techo , la gente empezó a tirotearnos y yo le di marcha atrás al coche y aceleré hacia delante. La pared se manchó de sangre, toda la delantera de mi coche también. La cabeza de Belén que estaba arriba agarrada a la baca también se manchó de sangre. Entonces, di rápidamente marcha atrás y me fui de aquella masacre, dejando el cuerpo de el padre de Belén allí, muerto e irreconocible.

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