Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 24 agosto 2010

11 – La Huida

Fuimos al garaje de la casa. Abrí la puerta para montarme en el coche y entonces apareció Natalia.

– Cariño, ¿ dónde vas ? – me preguntó ella con mucha dulzura.

– Natalia, para ya… – le dije. Entonces ella miró a su alrededor y vio a Belén apoyada en la pared fumándose un cigarro.

– ¡Hijos de Puta! Me habéis descubierto, pero tranquilos. Belén no puede sobrevivir sin su dosis diaria. Y en breve va a llegar personas a las que les encantan la sangre. A si que no tenéis ninguna escapatoria – nos amenazó.

Yo lleno de rabia me acerqué ha ella y entonces, se metió la mano en la chaqueta y sacó una pistola con silenciador.

– No te acerques o te reviento la cabeza de un tiro-.

– Sabía que no estabas de viaje. ¿Dónde has estado? – le dije mientras la miraba fijamente y contenía mis fuerzas.

– No te importa desgraciado -.

– La única desgraciada que hay aquí eres tu – me defendió Belén.

Entonces ella la miró y yo aproveché el momento para darle un golpe en la mano, hacer que el arma cayera al suelo y que Belén la cogiese. De repente escuchamos como entraba gente en al casa y comenzaba a dar tiros para abrir las puertas con cerraduras.

– ¡Qué coño hacemos ahora! – susurró Belén desesperada.

– Inútiles, os lo dije – comentó Natalia, pero le di un golpe en la nuca con al pistola y cayo al suelo.

– Tengo una idea, Belén pasa me tu mechero.

Cogí la manguera que estaba tirada en el suelo y la metí en el tanque de gasolina del coche. Luego cogí la bolsa del cubo de basura que había en el garaje. La puse en el otro extremo de la manguera y comencé a absorber como si fuese una pajita de beber en pocos segundos la bolsa se lleno de gasolina. Con la gasolina de la bolsa rocié el coche y dejé caer un largo chorreón de gasolina hasta la puerta.

– Espero que funcione…

– ¿ Por dónde salimos? – preguntó Belén.

– Por la aquella pequeña ventana de ventilación que da al bosque.

Todo salió bien. Primero salió Belén por la ventana, luego tiré el mechero abierto a la puerta y resulta que en la puerta había gasolina, todo comenzó arder, yo salí por la ventana y corrimos…

Read Full Post »

Me adentré más en la habitación. Encendí el ordenador que había sobre la mesa, pero a mi desgracia el ordenador tenía una contraseña que yo desconocía. Miré hacia el lado y vi que algo resplandecía en la pared, me acerqué y vi que era una llave que colgaba de una especia de clavo. La cogí y la observé. Era muy extraña, era plana y tenía forma de cruz, excepto por la punta que era puntiaguda.

Me acerqué a la puerta de metal y busqué con la yema de los dedos la cerradura. La encontré e intenté introducir la llave. De momento las tres bombillas rojas se volvieron verdes y las dos verdes de color rojo. La puerta hizo un extraño crujido y se abrió un poco y yo la terminé de abrir entera. Di unos pasos y de momento un montón de luces se encendieron y pude ver como era aquella nueva habitación. Había una camilla y muchas otras cosas de hospital. Abrí uno de los muebles y encontré comida, era comida reciente. Miré en los demás cajones y estantes y lo que encontré era tijeras, vendas, agujas, tranquilizantes, etc. Vi que había una nueva puerta, no tenía cerradura, solo dos pequeñas bombillas rojas. Encontré una rejilla por donde mirar lo que había atrás de aquella puerta, ¡había una persona! Pensé unos minutos como podía abrir la puerta, entonces dije: “ Si cierro la puerta por la que he entrado, las tres luces verdes se pondrán rojas y las dos rojas de color verde.” Y como por intentar no perdía nada, cerré la puerta de metal. Entonces pude ver como la otra puerta se abría un poco corrí hacia ella y la abrí. Había alguien bocabajo, era un mujer, tenía las manso un poco ensangrentadas. Me acerqué hacia ella con temor.

– Hola – dije en un hilo de voz.

– No… – dijo ella, con un tono de dolor.

La cogí para ponerla boca arriba y ella acobardada se encogió.

– Tranquila, no te voy hacer daño, cálmate – le dije suavemente.

Se intentó poner de pie varias veces antes de que lo consiguiese, le aparté los pelos de la cara y…

– ¡Dios Mío! – No me lo podía creer.

– ¿Lalo? Ayúdame… – Me abrazó.

– ¿Belén como has llegado aquí? Me dijeron que habías muerto-.

– Por favor sácame de aquí, quiero ver la luz del sol, por favor. – Me suplicó.

– Claro, como no. – Cogí algunos documentos que había por allí y salí de aquel infierno.

La llevé al jardín conmigo, y allí se tumbó.

– Lalo, Natalia me ha encerrado ahí. No sé como llegué ahí, solo recuerdo estar en el hospital y luego abrir los ojos allí. Ella cada no sé cuantos días me ha estado inyectando calmantes y otras cosas que no sé ni que son. Me daba de comer como mucho cuatro o cinco veces a la semana. Creo que era mala desde un principio. Ella era la que le pasaba nuestra información a los otros y por eso las cosas no nos salían como tenían que ser -.

– Ya lo entiendo todo. Esa zorra me ha tomado el pelo, es que vamos, ni se me pasaba por la cabeza. Pero, no, no nos destruirá. Juramos que nos protegeríamos mutuamente y eso es lo que vamos hacer. Tu supuestamente estás muerta. Tenemos ventaja.

– Oye, voy a darme una ducha y luego planeamos algo. Hace mucho tiempo que no tengo un poco de higiéne.

Belén se dio su querida ducha y planeamos un plan, casi perfecto.

Read Full Post »