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Archive for 13 junio 2010

Aquella mañana de domingo desperté y Natalia no estaba a mi lado. ¿Dónde estará? Me pregunté. Grité su nombre dos o tres veces y entonces me di cuenta de que no estaba en la casa. Me levanté de la cama, me duché y me vestí. Luego bajé a la cocina para desayunar y cuando fui a abrir el frigorífico para coger leche vi un papel pegado a la puerta con un imán.

Lalo, me han llamado muy urgente. Tengo que cerrar un negocio en Irlanda.

Me extrañaba mucho que fuese en Irlanda. Por que que yo creía que sus negocios no salían de España.
Esperé ansioso hasta las seis de la tarde. Cogí el coche y me dirigí hacia aquel hotel. Vi dos coches de la policía aparcados al lado de la puerta del hotel. Aparqué el coche y entré entonces, vi a un policía haciendole preguntes a una mujer que parecía de la limpieza. Entonces me acerqué a recepción y no encontré.

– Oiga, perdone. ¿Qué ha pasado? – le pregunté a una mujer mayor.
– Pues mire usted joven, resulta que han asesinado a un hombre en la cuarta planta – me contestó la señora.
– ¡Dios mío! – dije en voz baja – Gracias – le agradecí a la anciana.

Subí corriendo por las escaleras hasta la cuarta planta. Me me acerqué a los policías.

– No puede pasar de esta cinta – me dijo uno de ellos mientras me señalaba un cinta amarilla donde ponía policía en negro.

-¿Me podría decir cómo es el nombre de la víctima? – le pregunté.
– No. – me contestó muy serio y se dio media vuelta.

Julio Altamiro Ruiz se llama la víctima señor – dijo un policía a un hombre que parecía ser el inspector o algo parecido.
– ¡Mierda! – susurré.

Habían matado al hombre que supuestamente me tenía que dar una información muy importante. Es decir, alguien no quería que yo supiese lo que ponía en aquellos papeles.

Salí del hotel y me monté en el coche y me dirigí hacia mi casa. Mientras me sacaba las llaves del bolsillo para abrir la puerta de la casa pensé en las llaves que había en la mesita de noche de Natalia y de la habitación “secreta”. No sé pero intuía de que las dos cosas tenían algo que ver. Abrí la puerta y subí hasta mi dormitorio y fui a coger las llaves y… ¡No estaban ahí! Estaba muy cabreado, me puse delante de la puerta de la maldita habitación y la partí a patadas. Me quedé asombrado de lo que había allí adentro. Había una escritorio con montones de papeles encima, una silla que parecía ser muy cómoda, una alfombra muy grande, y una de las paredes estaba llena de pequeñas television donde se veía cada habitación de la casa. Entré y encendí la luz, pero aquella habitación seguía siendo muy oscura. Una impresora comenzó hacer ruido y yo, volví a sentir el miedo, desde hace muchísimo tiempo. ¿Qué era todo aquello? Las únicas luces que había era tres pequeñas bombillas rojas y dos verdes, al lado de una puerta de metal y la lámpara que había en el techo que era una simple bombilla que parpadeaba de vez en cuando llena de telarañas y que no alumbraba casi nada. La verdad, que ahora no entiendo nada…

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8 – Misterio

8 Misterio

Ya han pasado algunos meses después de la muerte de Belén. Desde entonces mi vida ha sido muy normal, pero siempre he tenido en mi interior algo que me dice que pasa algo. Pero no se qué. A lo mejor son los nervios de la boda, solo queda tres semanas. Y cada día estoy más inquieto pero no se el por qué. Menos mal que Natalia me da alegría y felicidad o si no, no se que sería de mi. Aunque hay una cosa que no entiendo de ella. En una de las habitaciones de su casa ella no quiere que entre, dice que hay cosas de Belén que me recordarían a ella y no quiere verme triste. Aunque no entiendo que hace las cosas de Belén en su casa y en su despacho. Bueno, aprovecharé que se ha ido a trabajar para entrar en la dichosa habitación.

– ¡Joder! – grité al asustarme con el ruido del teléfono. Me acerqué para coger la llamada. – ¿Si? – pregunté.
– Cariño, soy yo. Voy ha salir del trabajo dos horas antes, espérame para comer, ¿vale? – me dijo Natalia.
– ¡Qué bien! Claro que te esperaré. Adiós.
– Ciao, cariño – dijo un poco antes de que colgara.

Miré el reloj, eran las dos menos cinco y Natalia iba a llegar a las dos y media. Tenía que ser rápido y buscar la llave de la puerta que daba a la habitación “secreta” . Subí las escaleras corriendo, luego entré en nuestro dormitorio, busqué en los cajones de su mesita de noche, debajo del colchón, en el armario y nada. No encontré nada, pero entonces recordé una frase que decía ella “ Algo simple, lo que no vale está arriba y abajo se encuentra la zona verdadera, la zona fuerte.” Sinceramente nunca entendí esa frase ni la entendí en ese instante cuando se me vino a la cabeza. Miré a mi alrededor y vi de nuevo la mesita de noche, rápidamente me fui hacia ella, me agaché y metí la mano debajo de esta. Comencé a tocar la parte de abajo y no encontré nada, entonces tuve otra idea. Unos de los cajones estaba vacío, a lo mejor eso era “lo que no vale” y bajo él estaba la “zona fuerte”. Cogí aquel cajón, que era el segundo y miré por debajo y allí encontré dos llaves juntas. Una era normal y la otra era pequeña, tenía una forma rara. Miré el reloj, ya era las dos y cuarto. No tardé nada en salir de la habitación e intentar abrir la puerta del despacho de Natalia, pero de repente alguien llamaba al timbre. Volví a dejar todo como si no hubiera pasado nada y bajé a ver quien era. Volvieron a llamar al timbre.

– ¡Si, ya voy! – grité. Abrí la puerta.
– ¡Hola! – me dijo Natalia muy contenta con una pizza en la mano.
– ¿Qué hora es?¿Y esa pizza? – dije extrañado.
– Es que cuando te llamé, estaba saliendo del trabajo y quería darte una sorpresa y llegar antes. Entonces se me pasó por la cabeza de que te encanta la pizza de jamón, pollo, bacon y doble queso, así que fui a la pizzería. Y ahora vamos a celebrar tu fin de semanas de descanso.
– ¡Ah! – sonreí – ¡Qué bien, gracias! No pensaba que me ibas a dar esta sorpresa . Ja, ja , ja… -reí-.

Mientras tomábamos el almuerzo, alguien me llamó al móvil.
– ¿Si?¿Quién es? -.
– Vete a un lugar donde nadie nos pueda escuchar hablar, por favor – me dijo la voz desconocida de un hombre.
– Vale – dije. Me puse el teléfono en el pecho para que no se escuchase lo que iba a decir – ¡Mi amor! Me han llamado del trabajo, voy al jardín a hablar, ahora vuelvo. – me puse de nuevo el teléfono móvil en la oreja.
– ¿Ya? – me preguntó ese misteriosos hombre.
– Sí, ¿qué sucede? – pregunté yo muy extrañado.
– Te tengo que enseñar unos documentos muy importantes, por favor, tienes que verlos. Es algo que te interesa.
– Vale, pero ¿quién es usted?¿Dónde voy para verlos? – pregunté nervioso.
– Vaya al Hotel Delevé mañana a las seis y media de la tarde y pregunte por el señor Altamiro. Te dirán el numero de la habitación, vaya y allí lo esperare. Es mejor que vaya solo. – Después de decirme todo aquello colgó.
– ¿Oiga?¿Oiga?¡Me ha colgado! -.

En esos momentos solo quería saber quien era el señor Altamiro y qué pone en esos documentos.

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