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Archive for 25 octubre 2009

Miré las balas de la pistola y tenía las suficientes, luego la cargué. Salí el primero, me pegué por la pared, me agaché y luego miré por si alguien se acercaba y como no vi nada pues hice un gesto con la mano por la ventana. Belén salió e hizo lo mismo que yo pero en la esquina paralela, hizo un mismo gesto y salió Arturo. Seguí yo solo sigilosamente, hasta que pude ver a un hombre vestido de negro con un pasamontañas y una metralleta en la mano., aquel hombre estaba justo delante de la puerta, es decir, los demás ya estaba dentro de la casa. Al ver aquel panorama me escondí detrás del árbol que había a mi derecha. Entonces oí los pasos de alguien y con cuidado me subí a la copa del árbol.

– No hay nadie señor – le decía un muchacho al padre de Belén – yo me quedé sorprendido al ver su rostro tan familiar.
– ¡Mentira! ¡Mirad bien, estarán por ahí detrás os escondido debajo de las camas! – gritó.
– Vale señor, por ahí miraremos, señor – le contestó y luego los dos tomaron caminos diferentes.

Giré un poco la viste y pude ver a Belén en el tejado de la casa. Ella me miró.

– ¿Dónde está Arturo? – me preguntó gesticulando los labios.
– No lo sé – le contesté mientras yo también gesticulaba los míos.

Luego paró de mirarme y se fijó en su padre, yo un poco preocupado por Arturo no paraba de mirar en todos los lados desde mi punto de vista. Hasta que escuché unos pasos que corrían, miré vi una silueta por la oscuridad y de repente aquella silueta se vio con la luz de la noche ¡era Arturo que corría como un loco para llegar el primero al coche! Belén me miró angustiada yo también la miré de la misma forma, entonces otro ruido se escuchó. Los dos miramos a Arturo y lo vimos tirado en el suelo con un tiro en la cabeza. Belén, sorprendida, se tapó la boca con la mano. Al hacer tal movimientos una teja suelta se cayó rodando al suelo. Todos miraron al techo. Uno de ellos cogió una gran escalera para subir. Cuando se acercaba al techo Belén empujó las escaleras para atrás y que hombre mientras se caía al suelo sacó la pistola y disparó, el tiró llegó a los azulejos que habían arriba de la puerta la casa que ponía “El verano” , bajo aquellos azulejos había otro hombre, y mientras en que estaba en las escaleras se reventaba por dentro, el otro se habría la cabeza con la caída de los azulejos sobre él. Los demás se miraban con pena y rencor. Entonces, yo, aproveché su distracción para saltar a la casa de al lado, luego salí de auqella casa y muy rápido me monté en mi coche.

– ¡Joder! ¿Dónde coño se ha metido este tío? – susurró Belén al no verme en el árbol.

Entonces unas fuertes y largas luces de mi coche entró en la parcela haciendo que los que se encontraba allí cerraran sus ojos del resplandor.

– ¡Tírate! – le grité a Belén.
– ¿¡Qué!? – me devolvió ella otro grito.
– ¡Qué te tires joder!

Entonces Belén se tiró sobre mi coche haciendo un bulto en el techo , la gente empezó a tirotearnos y yo le di marcha atrás al coche y aceleré hacia delante. La pared se manchó de sangre, toda la delantera de mi coche también. La cabeza de Belén que estaba arriba agarrada a la baca también se manchó de sangre. Entonces, di rápidamente marcha atrás y me fui de aquella masacre, dejando el cuerpo de el padre de Belén allí, muerto e irreconocible.

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Pensé en llamar a mis matones para que solucionaran todo, pero creo que esto debo resolverlo yo. Seguro que están en la casa de campo preparan la huida fuera del país, así que conducí hacia allí. Aparqué el coche enfrente de la casa. Y me colé sigilosamente por la cancela que estaba abierta. Ande por las sombras hasta llegar a la puerta, la intenté abrir, pero estaba cerrada. Miré en la ventana de al lado y la persiana estaba echada. Me asomé por las ventanas del lateral derecho y allí estaban Arturo y Belén.

– ¡No nos podemos ir!¡Nos van a matar! – gritaba Belén.
– Nos tenemos que ir, si nos quedamos vendrán a por nosotros… – le dijo Arturo.
– Que no joder. Que nos matan seguro y no quiero morir ahora-.
– ¡Cállate! Vamos hacer lo que yo digo.
– ¡Una carajo! Yo hago lo que yo quiera-.
– Te recuerdo que no puedes hacer nada porque aun te duele un poco las costillas.
– Ogg…-.

Después de escuchar la conversación caminé hasta la parte trasera de la casa, las ventanas estaban abiertas y las luces apagadas. Me colé por la ventana. Había entrado en un dormitorio con una cama y algunos muebles más que no podía ver por la oscuridad, abrí un poco la puerta y vi que Arturo se metía en la cocina y Belén se quedaba sola en el salón. Aproveché para cogerla, montarla en la silla de ruedas y meternos en otra habitación.

– ¿Qué haces aquí? – me susurró.
– ¡Salvarte la vida! – le contesté.
– ¡Gracias! – me agradeció mientras me daba un beso en la mejilla.
– ¿Cómo estás?-.
– Bien, en realidad puedo andar sola, ya no me duele. Es para que Arturo se crea que estoy mala y luego cuando menos se lo espere darle el palo en el aeropuerto.
– Mm.. – le miré con cara rara – ¡Shh! ¡Ahí está Arturo! – susurré mientras mirábamos por la pequeña abertura de la puerta. De momento se escucharon varios golpes, me quedé bloqueado no sabía que era, pero al momento lo averigüé eran tiros que venía de afuera. ¡No podía dejar que Arturo muriese! El padre de Belén había llegado y los iba a matar como los viese, así que salí de la habitación cogí a Arturo y le arrastré hasta meterlo en la habitación.

– ¿¡Qué haces!? – me gritó.
– ¡Que te calles!¡Joder! Hay afuera está el padre de Belén y viene a mataros – le contesté.

– Susurrad, no gritéis. Tenemos que huir – comentó Belén.
– Tu no puedes estar en pié, te vas hacer daño – susurró Arturo a Belén.
– Tonto que todo era mentira, ya estoy bien.
-¡Tengo un plan! – dije yo.
– ¿Cuál? – se preguntaron Belén y Arturo a la vez.
– Salimos por la ventana, pero cada uno coge una dirección. Las llaves del coche están puestas así que el primero que logre salir que se monte que espere quince segundos y si no llega nadie que arranque y que se vaya para mi campo. ¿De acuerdo?
– Vale, buen plan – dijo Belén.
– No estoy muy seguro, pero vale… – dijo Arturo.

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4 – Peligroso

Todos estábamos sentados en círculo en mis lujosos asientos. Las luces estaban apagadas, lo único que alumbraba la preciosa casa rústica era unas pequeñas velas encendidas en el salón.

– Bueno, ¿qué hacemos? – preguntó Arturo.
– ¿Para qué nos has llamado? – también preguntó Natalia.
– Tranquilos. Bueno estad tranquilos en parte. Mi tío no tardará en saber quienes somos, todos estamos en peligro. Tenéis que estar muy atentos a todo, y ahora quien quiera irse del país para escapar porque piensa que estará mas seguro que te levante y se vaya. Pero lo más seguro es que nunca se monte en el avión-. Arturo se levantó sin pensárselo dos veces.
– Yo me voy de aquí con Belén, nos iremos a Italia a Londres o a donde haga falta, pero no voy a esperar a que me maten aquí.
– Bueno haz lo que quieras, pero te matarán. Pones en peligro tu vida y la de Belén – Contestó Macarena que había estado callada y mirando fijamente a la ventana desde que llegó.
– Macarena dejalo, ya se lo hemos advertido – hablé yo.
– Yo desde luego me quedo aquí a defenderte – dijo Natalia.
– Vale, bien. Gracias – le contesté agradecido.
– Bueno me voy para ver como está Belén – dijo Arturo mientras se levantaba y se iba.
– ¿Lo van a matar? – me preguntó Natalia.
– Seguramente dentro de tres días no tenga vida.
– Pobre de él – comentó Macarena.
– Si eso, pobre de él. Le tenemos que impedir que se vaya. – dijo Natalia.
– No hay nada que hacer. Alomejor se salva por los pelos – contesté.
– Yo me voy de aquí, tengo cosas que averiguar – se despidió Macarena.

Nos despedimos de Macarena y en la casa nos quedamos Natalia y yo. Ella se sentó sobre mis piernas y me rodeo el cuello con sus brazos.

– Por favor, no dejes que me maten.
– Pues claro que no dejaré que te maten, no dejaré ni que te toquen – le aseguré.

Entonces ella me besó y mientras nos besábamos el teléfono sonó.

– No lo cojas – me susurró.
– Espera, espera. Puede ser importante.

Cogí el teléfono móvil al que me llamaban, miré el número y era el hospital.

– ¿Sí? Dígame.
– Somos del Hospital la señoras del Agua. La paciente de la habitación A – 691 se ha ido con un hombre, mas bien se ha escapado.
– ¿Qué?¿¡Quién es!?
– Un tal Andrés Álvarez Ruiz. Pero creo que ha utilizado un nombre falso, si quiere le envío una foto que hemos captado desde la cámara de seguridad.
– Por favor, envíenme la foto de ese nombre por fax.

Al los minutos me enviaron la foto, era Arturo el que se la había llevado del hospital. Tenía que salvar la vida de Arturo y de Belén. El muy imbécil no sabía en el peligro que estaba metido.

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