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Archive for 31 agosto 2009

(19) Buen plan

Cuando desperté, a Jesús ya se lo había llevado la policía. No me acordé de Belén y me fui a desayunar al comedor, como cualquier u otro persona que estaba allí. En esa mañana no la vi allí. Estaba asustado, ¿dejaría alguna prueba y la pillaron?¿Estará en el calabozo?¿Qué le ha podido suceder?… Para quitarme de dudas fui a su habitación, y allí estaba, sentada con unos papeles en mano y mordiendo un lápiz.

– ¡Hola! Creía que te había pasado algo – le dije mientras me acercaba a ella- ¿Qué haces?-.
– Mm, hola. Estaba asegurándome de que cuando nos escapemos no nos cojan los seguridad, ni las cámaras, ni nada. De hecho estos papeles son nuestros informes, desde que ingresamos aquí y el mapa del centro-.
– Pero hay cosas en el ordenador que indica que sí estuvimos aquí, en el centro-.
– No, ya no. Las eliminé ayer, cuando se llevaron a Jesús-.
– Vale, vale. Es decir, que si eliminamos esos papeles nunca habremos estado aquí, ¿no?-.
– Claro-.
– Y ya tengo el circuito y la hora que vamos hacer, y lo que vamos hacer, todo parecerá un accidente-.
-¿Cómo?…-.
– El que me violó tiene problemas cardíacos, si no se toma la medicina durante un día se muere, así que se la cambiaré. A parte de eso, apagaré el contador de la luz, y tu tienes que distraer con tonterías a la persona que lo vaya a encender…. – siguió contándome el plan hasta que salíamos del centro y cada uno cogería su camino.

Me salí al jardín, para despejarme un poco. Solo quedaba dos días para salir de allá y no sabía que hacer. No sabía como presentarme ante mi tío. Así que pensé y pensé hasta dar con la clave, me haría poderoso, muy poderoso y cuando tuviera más que él, lo derrotaría. Al terminar de pensar, me fui a la biblioteca a leer. Cuando me di cuenta era las nuevas u pico de la noche, había leído cinco o seis grandes libros.
Ya sonaba la campana para ir a cenar, cerré el libro y lo puse en la estantería y en el mismo lugar donde estaba. Salí y ande lentamente con las manos en la espalda pensando en varias cosas hasta llegar al comedor. La comida estaba asquerosa, era filete de cerdo con puré de zanahorias. Aunque de repente se me vino a la cabeza, que si entraba un nuevo director ¿cómo íbamos a estar allí sin documentación? Corrí a la cocinera.

– Hola Juanita -.
– Hola Lalo, ¿querias algo? – me preguntó extrañada de que la saludara de ese modo-.
– Si.. ¿Cuando viene el nuevo director?-.
– Eso no te lo puedo decir, es secreto..-.
– Creame que no se lo digo a nadie, lo juro-.
– Bueno vale, pero cállate y no se lo digas a nadie-.
– Que si, claro-.
– Viene pasado mañana-.
– ¿Y cuando te jubilas tú?-.
– Yo y la recepcionista nos jubilamos pasado mañana-.
– A vale, gracias, adiós-. Me fui corriendo a la habitación de Belén.

– ¡Belén! Tenemos que adelantar un día antes nuestra escapada- le dije mientras cerraba bien la puerta-.
– ¿Por qué?¿Pasa algo? – me preguntó muy extrañada.
– El nuevo director entra dentro de dos días, y no podemos estar aquí sin documentación-.
– ¿Cómo lo sabes?
– Se lo he preguntado a Juana, la cocinera – entonces me senté en su cama-.

– Entonces tenemos la tenemos que matar porque si ella se acuerda de nosotros…-.
– ¡No! Da la casualidad de que ella y la recepcionista se jubilan también pasado mañana-.
– Bien, bien-.
– Entonces mañana nos escapamos, ¿no?-.
– Si, claro que sí. No nos queda otra-.

Después de terminar la conversación me fui de su cuarto y me fui al mío. Me tumbe en mi cama y como al día anterior me quedé dormido de sopetón.

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(18) Asesino…

Estábamos en silencio, nos hablábamos con la mirada. Pero unos sigilosos pasos, que sonaban por las escaleras rompió el silencio. Belén y yo miramos rápidamente hacia las escaleras. Alguien bajaba. Belén se levantó y se escondió detrás del sofá amarillo de piel.

Los pasos terminaron, entonces se escuchó.
– ¿Qué le habéis hecho a mi niña? – peguntó Jesús mientras se acercaba a mí con un cuchillo en la mano-. Yo me levanté del sofá asustado, sin saber que hacer. Miraba a todos los lados, y cuando volví a mirar a Jesús estaba casi en frente mía. Entonces se tiró encima mía, él me intentaba clavar el cuchillo y yo me resistía como es normal.

– ¡Dejame cabrón! – le grité mientras me resistía-.
– No te voy a dejar hasta verte muerto – me contestó él-. Belén cogió la lámpara de la mesa y se la rompió por la cabeza, como no. Jesús se revoleó por el suelo de dolor.
Belén y yo corrimos hasta entrar en la cocina del comedor. Ella cogió un cuchillo, pero yo no. Sería demasiadas pruebas que eliminar. Belén se quedó allí escondida. Yo me fui sin que Jesús se diese cuenta para su habitación. Entré y vi que Cristal aún estaba atada y no sabía el porque.
La puerta se abrió de golpe y me saqué el arma del bolsillo y la cargué, entonces vi que era Belén.

– Lalo, he llamado a la policía pronto estará aquí-.
– ¿Qué? Pero, nos van a coger-.
– Tranquilo, si hacemos lo que tengo pensado, no-. Me susurró su plan en el oído.
– Buen plan, nena – la miré y le di un pequeño beso-. Me miró con cara extrañada.
– Chicos, no os voy hacer nada – decía Jesús repetidas veces mientras se acerba a la habitación-.

Belén se escondió debajo de la cama. Ahora me tocaba a mí enfrentar a él. Me parecía raro que Cristal no comentaba ningún comentario absurdo, la miré, y es que tenía puesto en la boca un trapo. Cerré la puerta de la habitación, y me puse delante de Cristal. Jesús comenzó abrir la puerta lentamente, me miró. Yo levanté el arma con los brazos rectos, le apuntaba a la cabeza.

– ¿Qué quieres? – le pregunté muy en silencio-.
– ¡Matarte! – me contestó un poco más fuerte de lo que había hablado yo-. Entonces tiró el cuchillo al suelo y sacó del bolsillo una pistola, todo aquello lo hizo rápidamente que no me dio tiempo a reaccionar. Me apuntó, cargó el arma. Y segundos antes de que apretará al gatillo me tiré al suelo. Noté como mi cara y me abrazo se lleno de una salpicadura de sangre, también noté como Jesús caía al suelo de rodilla dejando el arma a un lado. Me levanté, lo miré y luego miré a Cristal. No me lo podía creer, había disparado a Cristal en la cabeza. Y hay estaba Cristal, sentada en la silla, con la cabeza echada hacia un lado, llena de sangre y con un agujero por donde le salía la sangre. Jesús estaba de rodillas en el suelo llorando esmorecido.
Belén salió de abajo de la cama, comenzó a recoger las pruebas que nos implicaban. Limpié el arma que tenía y la dejé en el mismo lugar de donde la había cogido. En la habitación ya no había nada que nos implicase. Yo me duché y me cambié de ropa, quemé la ropa que había tenido anteriormente y cuando me acercaba a mi cuarto, escuché la sirena de la policía. Corriendo fui a buscar a Belén a su habitación.

– ¿Te has deshecho de todo ? – le pregunté-.
– Si, de todo. ¡Corre vete a “dormir´´!-. Me fui a pasos ligeros a mi habitación, me tiré en la cama y sin darme cuenta me dormí.

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(17) Espera

Al principio me quedé un poco pillado, pero a los pocos segundos reaccione. Aunque estaba un poco nervioso. Entonces se escuchó una voz por detrás.

– Mi padre ya llegó, y ahora no sabéis que hacer -y comenzó a reírse-.
– Mira estúpida e inepta, como no te calles te voy a meter mi mano por tu linda boca- le amenazó Belén.
– ¡Tranquilas, tranquilas! -susurré-.

Me puse la mano en la cabeza y empecé a dar pequeñas vueltas por la habitación, ¡no sabía que hacer! Hasta que me vino un idea a la cabeza.

– ¡Belén ven! Ve abajo sin que te vea nadie, y mira todos sus movimientos y escucha todo lo que diga – le dije al oído-.
– Vale, allá voy-. Y se fue sigilosamente por las escaleras.

Me encerré en la habitación con pestillo, para estar un poco más seguro, supongo. Cristal me estaba poniendo muy nervioso con sus comentarios estúpidos, no me dejaba pensar. Me puse a trastear por la habitación hasta que vi una pistola escondida en un cajón. La cogí. Mire haber si tenía balas, estaba entera cargada, entonces me la metí en el bolsillo de mi pantalón vaquero. Esperé y esperé a Belén y no llegada, ya todos los enfermos y los trabajodes tenían que estar en sus habitaciones durmiendo, estaba un poco preocupado hasta que de buenas a primeras se escuchó un pequeño golpe en la puerta.

– Lalo, corre ábreme. – susurró Belén que estaba detrás de la puerta.
– Ya voy – le contesté y le abrí la puerta, cuando entró volví a poner el pestillo.
– Tenemos que irnos de esta habitación ya – me dijo muy seguro Belén-.
– ¿Por qué? -.
– Pues primero, le han dicho a Jesús que Cristal lo ha aparecido por hay hace algunos días, segundo, va a subir dentro de minutos y tercero, no creo que el plan sea que nos encuentra aquí,¿no?-.
– El plan no es ese así que vayámonos -. Belén se levantó y le pegó un guantazo a Cristal sin que ella le dijera nada, pero Belén era así. Yo me levanté, abrí el pestillo de la puerta y salimos de la habitación. Nos quedamos parados en el centro del pasillo pensando a donde ir, hasta que sonó la música del ascensor, Belén me agarró del brazo y me llevó hasta las escaleras, que se encontraban al lado del ascensor, es decir, si alguien sale del ascensor no nos vé excepto si mira atrás cosa que no lo hace casi nadie. Volvió a sonar la música del ascensor, entonces se escuchó como se abrían sus puertas. Jesús salió de él con dos maletas, iba directo a su habitación donde se encontraba Cristal atada.

Belén y yo nos fuimos hacia la sala de espera. Sabíamos que Jesús acudiría allí y nosotros estábamos dispuestos a esperarlo.

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Eran las siete y media larga de la tarde, se acercaba la noche. Estaba muy ansioso a que Jesús llegara. Jesús llegaría dentro de mas o menos tres horas. Lo de improvisar no me hacia mucha gracia, pero era lo único que podíamos hacer.
Cristal despertó y preguntó:

– ¿ Y mi padre ?
– Tu padre llegará dentro de poquito así que cállate – le contestó Belén-.

Estaba mirando fijamente a la pared, estaba en mi mundo pensando en varias cosas a la vez y Belén me preguntó en un susurro.

– ¿ A qué hora volvía Jesús ? Es que no me acuerdo… -.
– Según tú, viene a las diez y cuarto mas o menos – le contesté, pero seguía en mi mundo.
– ¿ Te pasa algo ? -. Me volvió a preguntar Belén, pero yo no me enteré. Así que comenzó a pasarme su mano por mis ojos y de momento me pegó un guantazo que me sobresalté.
– ¡Qué quieres! – le grité-.
– ¿Que coño te pasa? No hace falta que me grites, ¡eh!-.
– Perdón, perdón es que hoy estoy un poco pensativo. No me pasa nada -.
– Vale, hijo, vale-.

reloj_casa_004Belén comenzó a dar vueltas y vueltas por la habitación. Pasaron minutos y minutos y parecía que nunca iba llegar el momento que esperaba con tanta inquietud. Volví a mirar el reloj cateto y simple que había colgado en la pared y eran las diez menos diez. La cara se me alegró un poco al ver y al pensar que ya quedaba menos para el “reencuentro´´ por decirlo de alguna forma.
Entonces me tiré un poco sobre la cama y…

Y vi como Cristal se había podido escapar de la silla, había rastros de sangre por el suelo que llevaban hasta la ventana del pasillo, miré por la ventana. Era de noche, entonces, miré mi reloj de mano y eran las once y veinte de la noche ¡Jesús ya estaba aquí y había soltado a su hija! Volví a mirar por la ventana, miré al cielo y luego miré abajó y vi el cuerpo muerto de Belén, no me lo podía creer. ¡Alguien la había tirada desde la ventana! Entré de nuevo en la habitación y me acurruqué en la cama, escuché un ruido miré a mi lado y vi unos pies, fui elevando la vista y vi a Jesús con un cuchillo. Entonces Jesús elevó el cuchillo y de repente lo bajó y me lo clavó yo grité.

– ¡Noooo…! -. Entonces abrí los ojos, miré a mi lado y allí estaba Belén dándome empujones para que me despertara.
– ¿ Qué ha sucedido ? – le pregunté-.
– Nada, que te has quedado dormido y como he visto que has empezado a gritar te he despertado-.
– Mm, vale, gracias-.

Miré primero a la silla y vi que Cristal estaba bien atada a ella, luego miré mi reloj de mano, eran exactamente las diez y cuarto de la noche.

– Lalo voy a mirar por la ventana del pasillo – me comentó Belén
– ¿Para qué?- le pregunté un pelín extrañado-.
– Pues para ver si viene ya Jesús-.
– ¡OK! -.

A los siete u ocho minutos Belén vino casi corriendo.

– ¡Lalo, Lalo! Prepárate, porque Jesús esta bajando de su coche-

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Abrí los ojos, parpadeé un poco y miré mi reloj de mano. Era cerca de la una, ¡Dios mío, qué tarde!. Con la vista busqué a Belén por la habitación, luego miré a Cristal, estaba dormida.
Me duché y me cambié de ropa, salí del cuarto de baño y seguía sin ver a Belén. No tenía ni idea de donde estaba. Y como no podía dejar a Cristal sola en la habitación, no podía salir a buscarla. Me senté desesperado en la cama, moviendo la pierna continuamente. Pensaba en que le hubiera pasado algo o … no sé, no sé..

Pasó algo más de media hora y, me asustó unos fuertes golpes en la puerta de madera de la habitación.

– Lalo, ¿estás ahí? – dijo Belén en un susurro-.
– Sí, pero no me des esos sustos. Y para lo fuertes que golpeas la puerta, lo bajo que hablas-.
– Ya entro, hijo, ya entro – decía mientras abría la puerta y entraba a la habitación-.
– Gracias por traer el desayuno-.
– De nada, tengo noticias nuevas, nuevas-.
– ¿Cuáles son? Dímelas-.
– El señorito Jesús, llega hoy por la noche exactamente a las diez y cuarto de la mañana-.
– ¿Exactamente?-.
– ¡Más o menos! Ahora comamos que me muero de hambre-.
– Vale, vale-.

Comimos. Cuando Cristal despertó le di su parte de la comida.

– ¿Cuando llega mi padre? – me preguntó Cristal.
– Hoy por la noche, ¿ por qué ? – le contesté-.
– Porque os vais a enterar de quién es mi padre, os va a matar y a triturar – río Cristal-.
– Niñata mal criada, a mi no me tritura ni Dios, ¿ te has enterado ? – le gritó Belén-.
– A mi no me levantes la voz – Gritó Cristal aún más-. Belén cogió un jarrón de barro fino que había en la cómoda y le dijo.
– ¡ A mi no me gritas!¡Inútil! – Y le tiró el jarrón en la cabeza a Cristal, la dejó inconsciente.
– ¿¡ Qué has hecho !? – le grité.
– Solo dejarla inconsciente durante unas horas, así el almuerzo y la cena nos la comemos nosotros sin compartir – me explicó chistosamente-.
– Tienes razón – reí-.

Esperamos aburridos a la tarde, jugando al parchís y a las cartas para matar el aburrimiento. No sabíamos que hacer. Estábamos deseosos de que llegara Jesús, para que comenzara la acción. En el fondo no sabíamos que hacer cuando él se enterara o viera lo que le habíamos hecho a si hijita. Simplemente lo íbamos a improvisar.

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(14) Te odio

Desayunamos en la habitación. Nadie de abajo nos echaba de menos,¡menos mal! Esta vez a Cristal le dimos su desayuno completo, para que pudiera estar bien despierta a la hora de las preguntas.

Belén empezó a darle guantazos para que se espabilara más, hasta que se espabiló.

– No me pegues más ¡por Dios!- suplicó Cristal-.
– Te pegaré cuando y todo lo que yo quiera guarra – le respondió Belén-.
– ¡Tranquilas chicas! Cristal, por las buenas. Dime algo malo que haya hecho tu papá para ir a la cárcel, pero no a ido porque lo taparon con algo – grité -.
– No tiene nada-. Me dijo con cara de no haber roto un plato en su vida.
– Mira niñata, por las buenas o por las malas, ¡elige!-. La cogí por el cuello aunque al momento la solté.
– Atrévete a tocarme una vez más y te enteras- me amenazó.
– ¿Que me vas hacer?¿Pegarme?¡Estas atada, tonta!-.
– Cuando salga de aquí te mataré, capu…
– ¡Cállate!- la interrumpí – Dime la verdad, ¿cuáles son todos los delitos de tu padre?-. Belén cogió un cuchillo y le hizo una pequeña brecha en la frente. En segundos tenía la mitad de la cara llena de sangre.
– Para que sepas que te podemos matar aquí mismo- amenazó Belén a Cristal-.
Cristal empezó a llorar. – Vale, vale, tranquilos. Mi padre recibe órdenes de maltrato hacia ti y ella, también mató al director antiguo para que él pudiera coger el puesto de director antes, a sobornado a un montón de personas y… ya creo que no ha hecho más nada ahora por favor curarme la herida-.
– Muy bien bonita, así me gusta. Traeme el botiquín Belén – dije fríamente-.
– Belén, ¿lo has grabado bien?-.
– Sí, esta todo grabado-.

-Muy bien – le sonreí a Belén-.
– ¡Qué!¿¡Qué!?, ¿lo habéis grabado? – gritó desesperada Cristal-.
– Si, ¿por qué?- dijo Belén muy pasota-.
– Os odio – susurró Cristal.
– Y nosotros a ti desde hace mucho,cariño – le susurró Belén burlona-. Me reí a carcajadas limpias.
– Lalo, ¿ no crees que esta ya da mucho la lata ?-.
– La verdad es que sí-.

– Le voy a dar un poco de anestesia, jajaja…-. Rió Belén y yo la seguí riéndome.

Cristal durmió durante horas y horas, cuando se despertaba le dábamos de comer, nos burlábamos un poco de ella y luego la dormíamos de nuevo. Así sucesivamente, solo quedaba un día para que llegara el padre. Y sinceramente ya no sabía si esto iba a salir bien o mal. Pero por intentarlo no pasaba nada.

Era algo extraño que dos chavales de dieciocho o diecinueve años raptaran y maltrataran a una mujer de veinticinco años. Era algo… impensable para una persona normal, a decir normal me refiero a una persona que nunca a tenido este odio y rencor que tenemos Belén y yo dentro.

 

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Anocheció bastante, Belén se quedó para vigilar mientras yo “dormía´´. Belén estaba sentada en los pies de la cama mirando fijamente a Cristal. Belén pensaba que yo ya estaba dormido, pero en el fondo no lo estaba, estaba pensando en…

Si mato a alguien, por mucho mal que me haya hecho me quedaré con la conciencia sucia para toda la vida. En el fondo yo no quiero matar a Cristal, ni tampoco quiero matar a Jesús. Por que todo es obra de mi tío, si mi tío no mandara órdenes no me pasaría nada y estaría aquí “felizmente´´.
Tengo mucho odio y rencor dentro de mí. Y no se que haré, tengo que pensar algo. No puedo dejar a Cristal escapar, lo contaría todo y me meterían en la cárcel o algo parecido. Pensé y pensé. Miré el reloj lentamente para que Belén no se diera cuenta de que yo estaba despierto, eran las cuatro y pico de la madrugada, aún no había logrado conciliar el sueño y no sabía cuando lo iba hacer. Bueno si que lo sabía, cuando encontrara una solución a este problema de conciencia.

¡Ya lo tengo! ¡Ya lo tengo! Grité para mis adentros. La noche en la que Jesús esté aquí, me pelearé con él, le diré cosas horribles. Lo calentaré mucho. Hasta que se harte y entonces…. no sé tendría que pensar. Ya se me ocurrirá algo para esa misma noche. Estoy seguro de que se me ocurrirá algo. Estoy segurísimo.

– ¡Eh! ¿Aún estas despierto? – me susurró Belén-.
– Sí, ¿ por qué ?- le susurré yo-.
– Porque estoy aburrida-.
– Y yo. Pues…bueno, hagamos algo que queramos hacer y nunca hemos hecho-.
– ¡Vale!, empiezas tú-. Susurró muy animada-.
– Chupar el suelo y la pared seguidamente-. Me puse en el suelo a cuatro patas como un perro, agaché la cabeza y comencé a chupar el suelo hasta chupar la pared, ¡era mi ilusión!
– ¡Buajj! ¡Qué asco!- se quejó Belén-.
– Bueno ahora haz algo tu-.
– Vale, bueno no, no vale. Yo quiero hacer algo que ahora no lo puedo hacer-.
– ¿Y qué es?-.
– Hacer el amor con alguien que yo quiera, o sea, sin obligación, todas las veces que lo e hecho me han violado-.
– Pues eso si lo puedes hacer ahora -. Le contesté mientras me acercaba a ella.
– ¿Con quién?-.
Le besé los labios- Conmigo-. Me quité la camiseta y el pantalón, ella se quitó su chaqueta, y su pantalón y… cuando nos dimos cuenta estábamos haciendo el amor en la cama y eran las seis y media larga de la madrugada.

Desperté, miré a mi lado y estaba Belén dormida. Entonces me vestí, bajé a mi habitación a coger ropa limpia y también le cogí a ella ropa limpia. Volví a subir y le dejé la ropa en cabezal de la cama, yo me bañé en la bañera de la habitación. ¡Cómo eran altos cargos, pues tenían las duchas en sus habitaciones! ¡Cara duras! Mientras me bañaba, Belén se metió en la bañera conmigo y charlamos cordialmente.

– Lo de anoche no significó nada, solo era un deseo mezclado con una ilusión-. Me aseguró.
– Ya, ya. Es lo mismo, yo tenía la ilusión de chupar el suelo y tu hacerlo con alguien, no por obligación si no porque tu quisieses.
– Claro, claro-. Me afirmó muy contenta de ver que yo había entendido porque pasó lo que pasó anoche. Terminamos de bañarnos y bajé yo por el desayuno.

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