Me adentré más en la habitación. Encendí el ordenador que había sobre la mesa, pero a mi desgracia el ordenador tenía una contraseña que yo desconocía. Miré hacia el lado y vi que algo resplandecía en la pared, me acerqué y vi que era una llave que colgaba de una especia de clavo. La cogí y la observé. Era muy extraña, era plana y tenía forma de cruz, excepto por la punta que era puntiaguda.
Me acerqué a la puerta de metal y busqué con la yema de los dedos la cerradura. La encontré e intenté introducir la llave. De momento las tres bombillas rojas se volvieron verdes y las dos verdes de color rojo. La puerta hizo un extraño crujido y se abrió un poco y yo la terminé de abrir entera. Di unos pasos y de momento un montón de luces se encendieron y pude ver como era aquella nueva habitación. Había una camilla y muchas otras cosas de hospital. Abrí uno de los muebles y encontré comida, era comida reciente. Miré en los demás cajones y estantes y lo que encontré era tijeras, vendas, agujas, tranquilizantes, etc. Vi que había una nueva puerta, no tenía cerradura, solo dos pequeñas bombillas rojas. Encontré una rejilla por donde mirar lo que había atrás de aquella puerta, ¡había una persona! Pensé unos minutos como podía abrir la puerta, entonces dije: “ Si cierro la puerta por la que he entrado, las tres luces verdes se pondrán rojas y las dos rojas de color verde.” Y como por intentar no perdía nada, cerré la puerta de metal. Entonces pude ver como la otra puerta se abría un poco corrí hacia ella y la abrí. Había alguien bocabajo, era un mujer, tenía las manso un poco ensangrentadas. Me acerqué hacia ella con temor.
- Hola – dije en un hilo de voz.
- No… – dijo ella, con un tono de dolor.
La cogí para ponerla boca arriba y ella acobardada se encogió.
- Tranquila, no te voy hacer daño, cálmate – le dije suavemente.
Se intentó poner de pie varias veces antes de que lo consiguiese, le aparté los pelos de la cara y…
- ¡Dios Mío! – No me lo podía creer.
- ¿Lalo? Ayúdame… – Me abrazó.
- ¿Belén como has llegado aquí? Me dijeron que habías muerto-.
- Por favor sácame de aquí, quiero ver la luz del sol, por favor. – Me suplicó.
- Claro, como no. – Cogí algunos documentos que había por allí y salí de aquel infierno.
La llevé al jardín conmigo, y allí se tumbó.
- Lalo, Natalia me ha encerrado ahí. No sé como llegué ahí, solo recuerdo estar en el hospital y luego abrir los ojos allí. Ella cada no sé cuantos días me ha estado inyectando calmantes y otras cosas que no sé ni que son. Me daba de comer como mucho cuatro o cinco veces a la semana. Creo que era mala desde un principio. Ella era la que le pasaba nuestra información a los otros y por eso las cosas no nos salían como tenían que ser -.
- Ya lo entiendo todo. Esa zorra me ha tomado el pelo, es que vamos, ni se me pasaba por la cabeza. Pero, no, no nos destruirá. Juramos que nos protegeríamos mutuamente y eso es lo que vamos hacer. Tu supuestamente estás muerta. Tenemos ventaja.
- Oye, voy a darme una ducha y luego planeamos algo. Hace mucho tiempo que no tengo un poco de higiéne.
Belén se dio su querida ducha y planeamos un plan, casi perfecto.