Aquella mañana de domingo desperté y Natalia no estaba a mi lado. ¿Dónde estará? Me pregunté. Grité su nombre dos o tres veces y entonces me di cuenta de que no estaba en la casa. Me levanté de la cama, me duché y me vestí. Luego bajé a la cocina para desayunar y cuando fui a abrir el frigorífico para coger leche vi un papel pegado a la puerta con un imán.
Lalo, me han llamado muy urgente. Tengo que cerrar un negocio en Irlanda.
Me extrañaba mucho que fuese en Irlanda. Por que que yo creía que sus negocios no salían de España.
Esperé ansioso hasta las seis de la tarde. Cogí el coche y me dirigí hacia aquel hotel. Vi dos coches de la policía aparcados al lado de la puerta del hotel. Aparqué el coche y entré entonces, vi a un policía haciendole preguntes a una mujer que parecía de la limpieza. Entonces me acerqué a recepción y no encontré.
- Oiga, perdone. ¿Qué ha pasado? – le pregunté a una mujer mayor.
- Pues mire usted joven, resulta que han asesinado a un hombre en la cuarta planta – me contestó la señora.
- ¡Dios mío! – dije en voz baja – Gracias – le agradecí a la anciana.
Subí corriendo por las escaleras hasta la cuarta planta. Me me acerqué a los policías.
- No puede pasar de esta cinta – me dijo uno de ellos mientras me señalaba un cinta amarilla donde ponía policía en negro.
-¿Me podría decir cómo es el nombre de la víctima? – le pregunté.
- No. – me contestó muy serio y se dio media vuelta.
Julio Altamiro Ruiz se llama la víctima señor – dijo un policía a un hombre que parecía ser el inspector o algo parecido.
- ¡Mierda! – susurré.
Habían matado al hombre que supuestamente me tenía que dar una información muy importante. Es decir, alguien no quería que yo supiese lo que ponía en aquellos papeles.
Salí del hotel y me monté en el coche y me dirigí hacia mi casa. Mientras me sacaba las llaves del bolsillo para abrir la puerta de la casa pensé en las llaves que había en la mesita de noche de Natalia y de la habitación “secreta”. No sé pero intuía de que las dos cosas tenían algo que ver. Abrí la puerta y subí hasta mi dormitorio y fui a coger las llaves y… ¡No estaban ahí! Estaba muy cabreado, me puse delante de la puerta de la maldita habitación y la partí a patadas. Me quedé asombrado de lo que había allí adentro. Había una escritorio con montones de papeles encima, una silla que parecía ser muy cómoda, una alfombra muy grande, y una de las paredes estaba llena de pequeñas television donde se veía cada habitación de la casa. Entré y encendí la luz, pero aquella habitación seguía siendo muy oscura. Una impresora comenzó hacer ruido y yo, volví a sentir el miedo, desde hace muchísimo tiempo. ¿Qué era todo aquello? Las únicas luces que había era tres pequeñas bombillas rojas y dos verdes, al lado de una puerta de metal y la lámpara que había en el techo que era una simple bombilla que parpadeaba de vez en cuando llena de telarañas y que no alumbraba casi nada. La verdad, que ahora no entiendo nada…