Pensé en llamar a mis matones para que solucionaran todo, pero creo que esto debo resolverlo yo. Seguro que están en la casa de campo preparan la huida fuera del país, así que conducí hacia allí. Aparqué el coche enfrente de la casa. Y me colé sigilosamente por la cancela que estaba abierta. Ande por las sombras hasta llegar a la puerta, la intenté abrir, pero estaba cerrada. Miré en la ventana de al lado y la persiana estaba echada. Me asomé por las ventanas del lateral derecho y allí estaban Arturo y Belén.
- ¡No nos podemos ir!¡Nos van a matar! – gritaba Belén.
- Nos tenemos que ir, si nos quedamos vendrán a por nosotros… – le dijo Arturo.
- Que no joder. Que nos matan seguro y no quiero morir ahora-.
- ¡Cállate! Vamos hacer lo que yo digo.
- ¡Una carajo! Yo hago lo que yo quiera-.
- Te recuerdo que no puedes hacer nada porque aun te duele un poco las costillas.
- Ogg…-.
Después de escuchar la conversación caminé hasta la parte trasera de la casa, las ventanas estaban abiertas y las luces apagadas. Me colé por la ventana. Había entrado en un dormitorio con una cama y algunos muebles más que no podía ver por la oscuridad, abrí un poco la puerta y vi que Arturo se metía en la cocina y Belén se quedaba sola en el salón. Aproveché para cogerla, montarla en la silla de ruedas y meternos en otra habitación.
- ¿Qué haces aquí? – me susurró.
- ¡Salvarte la vida! – le contesté.
- ¡Gracias! – me agradeció mientras me daba un beso en la mejilla.
- ¿Cómo estás?-.
- Bien, en realidad puedo andar sola, ya no me duele. Es para que Arturo se crea que estoy mala y luego cuando menos se lo espere darle el palo en el aeropuerto.
- Mm.. – le miré con cara rara – ¡Shh! ¡Ahí está Arturo! – susurré mientras mirábamos por la pequeña abertura de la puerta. De momento se escucharon varios golpes, me quedé bloqueado no sabía que era, pero al momento lo averigüé eran tiros que venía de afuera. ¡No podía dejar que Arturo muriese! El padre de Belén había llegado y los iba a matar como los viese, así que salí de la habitación cogí a Arturo y le arrastré hasta meterlo en la habitación.
- ¿¡Qué haces!? – me gritó.
- ¡Que te calles!¡Joder! Hay afuera está el padre de Belén y viene a mataros – le contesté.
- Susurrad, no gritéis. Tenemos que huir – comentó Belén.
- Tu no puedes estar en pié, te vas hacer daño – susurró Arturo a Belén.
- Tonto que todo era mentira, ya estoy bien.
-¡Tengo un plan! – dije yo.
- ¿Cuál? – se preguntaron Belén y Arturo a la vez.
- Salimos por la ventana, pero cada uno coge una dirección. Las llaves del coche están puestas así que el primero que logre salir que se monte que espere quince segundos y si no llega nadie que arranque y que se vaya para mi campo. ¿De acuerdo?
- Vale, buen plan – dijo Belén.
- No estoy muy seguro, pero vale… – dijo Arturo.